Después de huir de Margalef por culpa de la lluvia que se avecinaba, pusimos rumbo a Albarracín, en Teruel. Esta zona es famosa, no sólo por sus pinturas rupestres, si no por la calidad y cantidad de escalada de bloque. En esta modalidad, se escala muy cerca del suelo y el único sistema de seguridad son unas colchonetas especiales (también conocidas por su término anglosajón crashpads).
Las previsiones meteorológicas no eran mucho mejores, pero el bloque es mucho más agradecido en caso de condiciones adversas: destaca su explosividad, con lo que las jornadas de escalada son más reducidas. Además, abundan los techos y desplomes pronunciados, por lo que es habitual encontrar zonas resguardadas de la lluvia. Por estos motivos, decidimos poner rumbo hacia Albarracín.
Durante cuatro intensos días blocamos a morir, como si cada pegue fuera el último. Eso sí, pagamos las consecuencias: nos abrimos las yemas de los dedos, los tendones chirriaron y las fuerzas flaquearon. Pero disfrutamos mucho, tanto, que todavía no nos habíamos marchado y ya estábamos pensando en cuándo podríamos volver.
Cómo no, también tuvimos tiempo para sacar algunas fotos. En el siguiente pase de diapositivas, podréis ver una pequeña selección de todas las que realizamos:
La autoría de las fotos, en la mayoría de los casos, es compartida entre Itziar Martínez y yo mismo. Sin su ayuda y predisposición, no podría haber compuesto, iluminado ni tomado muchas de las fotos. ¡Muchas gracias!
Espero que las hayáis disfrutado.
Un saludo,
Marc.